Si tienes que buscar algo, empieza por hacerlo de cerca

Si tienes que buscar algo, empieza por hacerlo de cerca

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Es posible que, en cierto momento de nuestra vida, tú y yo hayamos concordado en una cosa: hubo una época en la que quedábamos mirando y buscando en un lugar lejano, mientras que lo que precisábamos estaba mucho más cerca. Producto que eso que tanto ambicionábamos hallar no lo habíamos visto, pero quedaba más colindante a nosotros de lo que poseíamos deliberado. Puede asimismo, que en cierto momento, tú de igual forma percibieras esto tarde.

Si, por el contrario, aún no has vivido algo así, déjame indicarte que algo si bien opine de sentido común, olvidamos a menudo: es mejor iniciar mirando cerca, inclinar la mirada y establecer en lo que nos rodea. Tal vez todos esos territorios que nos envuelven y que hemos transitado tantas veces oculten objetos y personas que aún tienen valores y actitudes que pueden sorprendernos.

 

Zonas y personas que facilitamos por conocidos

Conocer a alguien nuevo consigue ser un efecto muy especial y empezar a manifestar su personalidad poco a poco suele ser divertido y enriquecedor. No obstante, llega un tiempo en el que nos adaptamos y creemos erradamente que su cabida para asombrar se ha agotado.

Establecemos nuestro círculo de amistades y facilitamos por hecho que el tiempo ya nos lo ha instruido todo de ellas, pero nos equivocamos. Es más, indicaba un dicho popular que nunca se acaba de conocer a nadie: ni su personalidad ni su historia.

Asimismo, es provechoso recapacitar si de verdad no consiguen volver a sorprendernos, si eso que ambicionamos tanto no nos está brindando su mano y adquirimos los puños cerrados. A veces uno se pierde mirando lejos porque piensa que en lo cercano no permanecen rincones donde buscar.

Exigir en ver a veces nos ciega

“No hay más ciego que el que no quiere ver o solo vemos lo que deseamos ver.” Ambos refranes españoles nos dan cuenta de lo mismo: por alguna razón concreta somos aptos de cegarnos hasta el punto de no prestar atención a la realidad y de engañarnos.

¿Quién nos indica que eso que tanto anhelamos no está a nuestro lado?, ¿por qué nos obligamos en mirar hacia otro lugar? Es permisible que esté cerca y nosotros no asumamos el valor de remediar en ello o quizá esté dictando cierta señal y no la distingamos por tener los ojos en el espacio equivocado.

El corazón suele ver con mayor luminosidad que los ojos, pues estos logran estar nublados por las expectativas. Conjuntamente, el tiempo pasa rápido, no da pausa ni espera. La vida es demasiado corta para desperdiciar oportunidades, para renunciar escapar trenes por no estar atentos.

Vamos a cerrar los ojos para percibir mejor en aquellas situaciones en las que más precisemos ver. Como expresábamos, muchas veces hemos escondido al corazón forjar creer que era la razón la que nos trasladaría al lugar conveniente y hemos perdido.

Por eso, infortunadamente todos hemos experimentado en carne propia otra frase que forma parte del conocimiento que dan los años “no nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que lo perdemos” y, la verdad, es que a veces no concebimos una buena apreciación de un valor hasta que no nos da la espalda para macharse. En este sentido, quizás conocíamos lo que poseíamos pero no estábamos capaces de razonar lo asombroso que era. Por eso es bueno que cuando te apartes, al volver, consagres un rato a ver qué es lo que tú si asumes cerca y los demás no.

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